La gente se busca, incluso desesperadamente, a través de Internet. Un físico amigo me explicaba que si arrojáramos al espacio una bola del tamaño de la Tierra, las posibilidades de que chocara con algo serían prácticamente nulas para la eternidad. La aparente densidad de las estrellas es un engaño. El espacio está vacío. Con ese ejemplo quería que me extrañara menos la soledad de la gente aquí abajo, su aislamiento e incomunicación lacerantes.
Los físicos lo llaman una transición de fase: una reordenación abrupta y espectacular de la materia. Para el común de los mortales es la emoción básica y universal del amor.
Mucho antes de que lo descubriera la microbiología moderna, una vieja leyenda griega elaborada en el Banquete de Platón ya explicaba que los humanos eran al principio criaturas con dos cabezas, cuatro brazos y cuatro piernas. Como castigo por su orgullo, Zeus decidió debilitar a la raza humana partiendo su cuerpo en dos: macho y hembra. A partir de ese día, cada ser incompleto (cada mitad del hermafrodita) anhela reunirse con su otra mitad.
En el amor…Ambos componentes, el impulso y el acuerdo, son igualmente básicos.
El amor ha fascinado a la humanidad. Dos personas se conocen y se enamoran. El amor «surge» —uno no hace nada para padecerlo, simplemente ocurre—; el amor nos hace olvidadizos, obsesivos, vulnerables, inseguros, celosos, acelera nuestro pulso, nos puede sumir en la depresión o la euforia. La experiencia del amor se vive como algo irracional, predestinado; deforma la realidad, no obedece a las leyes de la razón y la objetividad.
Recuerda que el espacio cerebral reservado a las relaciones sexuales es dos veces y media superior en los hombres que en las mujeres, mientras que en éstas son más numerosos los circuitos cerebrales activados con el oído y las emociones.
El orgasmo de la mujer requiere, primordialmente, una inhibición casi total de su cerebro emocional; es decir, se produce la desconexión de emociones como el miedo o la ansiedad. Una vez más, nos encontramos con la importancia de la ausencia del miedo para definir la felicidad, la belleza y ahora el placer femenino.
El varón compite con otros de su misma especie para recabar los favores de una hembra determinada. A la hembra, en cambio, lo que le importa —por la cuenta que le trae— es no equivocarse en el proceso de selección. Las dos cosas ocurren en edades muy tempranas. Pero el resto de su vida, la seducción es un fenómeno mucho más cultural e indiferenciado que se ejerce en aras de agradar, también, al resto. Sólo así se comprende que jóvenes sin pretendiente todavía, o mujeres maduras con el matrimonio bien sellado, se sometan a operaciones de cirugía estética. En el seno de la pareja, los móviles estrictamente sexuales amainan, dando cabida a otros no menos importantes que se analizan más adelante, al hablar de la vida en común. En el contacto social con el resto del mundo, sin embargo, aquellos móviles no pierden en absoluto su vigor.
El amor formaría una especie de red, de estructura que confiere identidad en medio de la inestabilidad orgánica. La gente suele mirarse a través de los ojos. Los enamorados se ven perfectos y se lo transmiten a su pareja. Esta especie de ego-booster o refuerzo para el ego forma parte de lo positivo del amor. Recuerdo a un amigo que convivió varios años con su novia hasta que ésta lo dejó. Nunca comentaba nada acerca de aquella ruptura, excepto un día en que me soltó de pronto: «Laura siempre se reía con mis bromas. Le parecían muy divertidas. Luego, poco a poco dejó de reírse. Es tremendo darse cuenta de que la persona que antes te encontraba estupendo ya no te ve como a un tipo divertido, sino ridículo. De repente me sentía idiota».
Los físicos lo llaman una transición de fase: una reordenación abrupta y espectacular de la materia. Para el común de los mortales es la emoción básica y universal del amor.
Mucho antes de que lo descubriera la microbiología moderna, una vieja leyenda griega elaborada en el Banquete de Platón ya explicaba que los humanos eran al principio criaturas con dos cabezas, cuatro brazos y cuatro piernas. Como castigo por su orgullo, Zeus decidió debilitar a la raza humana partiendo su cuerpo en dos: macho y hembra. A partir de ese día, cada ser incompleto (cada mitad del hermafrodita) anhela reunirse con su otra mitad.
En el amor…Ambos componentes, el impulso y el acuerdo, son igualmente básicos.
El amor ha fascinado a la humanidad. Dos personas se conocen y se enamoran. El amor «surge» —uno no hace nada para padecerlo, simplemente ocurre—; el amor nos hace olvidadizos, obsesivos, vulnerables, inseguros, celosos, acelera nuestro pulso, nos puede sumir en la depresión o la euforia. La experiencia del amor se vive como algo irracional, predestinado; deforma la realidad, no obedece a las leyes de la razón y la objetividad.
Recuerda que el espacio cerebral reservado a las relaciones sexuales es dos veces y media superior en los hombres que en las mujeres, mientras que en éstas son más numerosos los circuitos cerebrales activados con el oído y las emociones.
El orgasmo de la mujer requiere, primordialmente, una inhibición casi total de su cerebro emocional; es decir, se produce la desconexión de emociones como el miedo o la ansiedad. Una vez más, nos encontramos con la importancia de la ausencia del miedo para definir la felicidad, la belleza y ahora el placer femenino.
El varón compite con otros de su misma especie para recabar los favores de una hembra determinada. A la hembra, en cambio, lo que le importa —por la cuenta que le trae— es no equivocarse en el proceso de selección. Las dos cosas ocurren en edades muy tempranas. Pero el resto de su vida, la seducción es un fenómeno mucho más cultural e indiferenciado que se ejerce en aras de agradar, también, al resto. Sólo así se comprende que jóvenes sin pretendiente todavía, o mujeres maduras con el matrimonio bien sellado, se sometan a operaciones de cirugía estética. En el seno de la pareja, los móviles estrictamente sexuales amainan, dando cabida a otros no menos importantes que se analizan más adelante, al hablar de la vida en común. En el contacto social con el resto del mundo, sin embargo, aquellos móviles no pierden en absoluto su vigor.
El amor formaría una especie de red, de estructura que confiere identidad en medio de la inestabilidad orgánica. La gente suele mirarse a través de los ojos. Los enamorados se ven perfectos y se lo transmiten a su pareja. Esta especie de ego-booster o refuerzo para el ego forma parte de lo positivo del amor. Recuerdo a un amigo que convivió varios años con su novia hasta que ésta lo dejó. Nunca comentaba nada acerca de aquella ruptura, excepto un día en que me soltó de pronto: «Laura siempre se reía con mis bromas. Le parecían muy divertidas. Luego, poco a poco dejó de reírse. Es tremendo darse cuenta de que la persona que antes te encontraba estupendo ya no te ve como a un tipo divertido, sino ridículo. De repente me sentía idiota».
(Del libro: El viaje al amor-Eduard Punset)
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